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El hombre nace una y otra vez, y por medio de patrones cíclicos inacabables, de vida y muerte cada hombre viene en el momento y lugar donde encuentra a su Creador, cara a cara en el
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En Dedicación Sendero a la Luz está dedicado a los fundadores de la Academia de Ciencias Unarius, el Dr. Ernest L. y Ruth E. Norman. Como avatares, científicos, filósofos y poetasVisionarios Cósmicospasarán a la posteridad por su singular expresión del Espíritu en la Tierra. Han contribuido al esclarecimiento de la conciencia de la humanidad mediante las enseñanzas de los principios científicos que describen la naturaleza de la vida, la muerte y la inmortalidad, llevándole a uno a una evolución progresiva. La paz que se vivirá en las
épocas futuras del planeta Tierra, sobrevendrá como consecuencia de los logros de estos
dos Seres de Luz, representantes de la Jerarquía Espiritual.
Como Instituto de Investigación... La clara convergencia de la vida después de la vida, de vida y muerte, es un estudio interior dirigido de la mente, una investigación de la psicodinámica de la conciencia. Su objetivo es despertar al individuo hacia encuentros con vidas anteriores, la aptitud clarividente de la mente, y la realidad de la conexión espiritual del individuo. Como Organización de Socios... Los miembros pueden participar en los seminarios y acontecimientos especiales a un precio reducido. También con descuento, los miembros pueden adquirir libros así como los programas de vídeo de Unarius que se emiten por cable, nacional e internacionalmente.
La humanidad ha evolucionado durante cientos de miles de años en un viaje de descubrimientos. Sin embargo este viaje no es el patrón lineal de una vida. Su objetivo primordial es comprender la naturaleza y el significado de la conciencia más elevada del individuo y la evolución progresiva, vida tras vida. La evolución de la humanidad debe contener necesariamente los contrastes de los arquetipos positivos y negativos que se han formado en la lucha por conocer el designio espiritual innato de cada uno. El curso de estudios de la Academia de Ciencias Unarius ofrece las bases de una ciencia nueva de la vida, explicando los principios interdimensionales de la vida para resolver la dicotomía entre vida y muerte, reencarnación y continuidad de la conciencia, vida tras vida, como principio evolutivo de la progresión vital. En la inmensidad del espacio exterior, de los universos, nebulosas, galaxias giratorias, sistemas solares y planetas, nos hacemos más sensibles y conscientes del Designio Cósmico de la Vida. En el interior de cada persona se puede encontrar el alfa y el omega de las complejidades de la vida que explican lo que parece caótico para los sentidos exteriores. No obstante, el mismo caos es un sistema orgánico altamente regulado y es explicable a partir de una comprensión superdimensional del principio de campos de flujos electromagnéticos de energía. En el caos del siglo veinte, a medida que nos acercamos al año 2000, está emergiendo una conciencia planetaria. El reto para todas las personas que están comprometidas con su identidad espiritual como integrantes de la naturaleza inconcebible e inconmensurable de la infinidad, empieza con la lógica y la razón fruto de la naturaleza vivencial de la expresión de la propia vida. Las enseñanzas de la Ciencia de la Vida de Unarius, como ciclo de estudios del ser, se dirigen hacia la comprensión de la matriz de las energías sutiles de la fuerza interdimensional, que es el arquitecto de las formas atómicas y no atómicas de la vida. Esta fuerza interdimensional contiene los atributos de la naturaleza de la conciencia misma. El abandono del desarrollo progresivo de la humanidad
había producido un bloqueo en la capacidad individual de conseguir la realización de la
inteligencia interdimensional; se había cesado la continuidad de su conciencia, lo cual
es la razón básica de la existencia de una especie de amnesia entre las gentes de hoy,
en relación con el conocimiento de su pasado. Adaptarse a las ideas de un concepto interdimensional de la vida requiere una transformación profunda en la manera en que nos vemos a nosotros mismos y las instituciones de la sociedad. Vemos, en el cierre de este siglo veinte, al alumbramiento doloroso de una sociedad nueva, al desarrollo de un nuevo Renacimiento del Espíritu formado a partir de la lógica y la razón de la evolución progresiva de la vida. Por tanto, queda al libre albedrío de cada cual, convertirse en un fuerte eslabón de la cadena dorada que une las partes dispares del individuo con el todo mayor, el de la naturaleza orgánica del ser Infinito en sí.
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